El conocimiento de los términos propios del
medio ambiente comienza a ser imprescindible para un abanico de
personas cada vez más amplio: empresarios, directivos,
especialistas, profesionales o estudiosos de ese campo. Los términos
utilizados en el campo ambiental y en las ciencias relacionadas
con él deben interesar a las personas involucradas en los
sectores industriales y de servicios relacionados con el medio
ambiente.
Hay una gran confusión en el uso de los vocablos
técnicos medioambientales, debida a que se dan significados
diferentes a vocablos idénticos, según la profesión
o nacionalidad de quienes los usan. Se debe, pues, intentar igualar
el uso para evitar esos diferentes significados o interpretaciones,
y así lograr la mayor y mejor unificación posible
en la necesaria unidad e identidad de criterios.
Pocos ámbitos de estudio son tan multidisciplinarios
como el medio ambiente, materia en la que trabajan ingenieros,
químicos, biólogos, abogados, economistas, maestros,
sociólogos, periodistas, etc. Y esa diversidad de profesionales
hace que en la jerga medioambiental se junten términos
que provienen de la ecología, del derecho, de la biología,
de la economía, de la jerga empresarial, de la ingeniería
y muchos otros campos, y llegar a conocer y emplear bien todo
ese caudal léxico es tarea harto difícil.
La diversidad propia de las disciplinas que convergen
en el medio ambiente, hace que, aunque estén unidas, convenga
separarlas para su estudio; así, tendremos un léxico
propio del aire, otro del agua, otro de los residuos, otro de
los ruidos, otro de los suelos...
En lo que a mí me toca, como estudioso del
lenguaje periodístico, la jerga medioambiental también
forma parte de mi trabajo, pues revisando las noticias de la Agencia
EFE lógicamente aparecen informaciones referidas al medio
ambiente, y en ellas, de vez en cuando, surgen términos
hasta ese momento desconocidos para los profanos y, con más
frecuencia de la deseable, se dan vacilaciones en el uso.
Cuando apareció por primera vez en la prensa
el concepto de "desarrollo sostenible" hubo cierta unanimidad
en que se trataba de una traducción literal del inglés,
pero el problema era que eso no significaba nada en español,
y mucho menos lo que nos explicaban que debía significar,
que era "desarrollo que satisface las necesidades de las
actuales generaciones sin poner en peligro las posibilidades de
las futuras" o "política y estrategia de desarrollo
económico y social continuo que no vaya en detrimento del
medio ambiente ni de los recursos naturales de cuya calidad dependen
la continuidad de la actividad y del desarrollo de los seres humanos".
Intentamos luchar contra el anglicismo mediante una nota
que enviamos a los redactores de la Agencia EFE en la que les
explicábamos que sostenible se aplica en español
a lo que se puede sostener o mantener firmemente. Sustentar o
defender. Sufrir o tolerar. Aquello a lo que se puede prestar
apoyo o auxilio. Pero tuvimos que rendirnos ante la evidencia
de que el término ya estaba acuñado, pues en julio
de 1994, en el Banco de Datos de la Agencia EFE había 559
noticias en las que aparecía "desarrollo sostenible"
y 341 en las que aparecía "desarrollo sostenido",
por lo tanto aconsejamos que se prescindiese de la menos usada
en favor de la primera forma, que es la traducción literal
del inglés. Quedó claro una vez más que los
organismos internacionales no son nada sensibles a los problemas
lingüísticos del español y se acuñó
la forma anglosajona.
Si nos entretenemos en revisar unos cuantos diccionarios,
nos sorprenderá la cantidad de palabras comenzadas por
el elemento compositivo de origen griego eco- que significa "casa",
"morada" o "ámbito vital": ecología,
ecólogo, ecologista, ecologismo, ecoclima, ecoclimatología,
ecosfera, ecosistema, ecosonda, ecocidio, ecoespecie, ecoetiquetado,
ecotipo, ecotóxico, ecotoxicología, ecoindustria,
ecomuseo, ecologizar, ecomárketing, ecotasa, ecoturismo,
ecotono, ecomensajero, ecodesarrollo y ecopacifista son las que
yo he encontrado, pero muy probablemente haya unas cuantas más;
imaginémonos, por ejemplo, un nuevo modelo de hombre: el
"ecoejecutivo", dedicado a negocios relacionados con
la ecología, y entretengámonos un momento en describirlo
de dentro a fuera. Su interior serán unos "ecocalzoncillos"
y acaso una "ecocamiseta", todo de algodón crudo,
sin tintes; calzará unos horrendos "ecozapatos"
de puntera muy ancha y tacón muy bajo, o quizá unas
"ecosandalias" de parecidas características;
los pantalones, perdón, "ecopantalones" serán
de pura lana virgen, diseñados por Antonio Miró
o David Valls, y completará su atuendo con una "ecocamisa"
de algodón fabricada por los indios ecuatorianos.
Todos sabemos más o menos qué es eso
de la "ecología". Según el Diccionario
de la Real Academia Española (DRAE) es "la ciencia
que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí
y con su entorno" y "la parte de la sociología
que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente,
tanto físico como social". Pero el primer problema
se nos plantea con los términos "ecólogo"
y "ecologista". Si seguimos con el DRAE, "ecólogo"
es la "persona que cultiva la "ecología"
y "ecologista" es aquel que "propugna la necesidad
de preservar la naturaleza y ponerla a salvo de las perturbaciones
ocasionadas con la moderna industrialización" o la
"persona que profesa la ecología como ciencia".
Algo más claras son las definiciones que encontramos en
el Diccionario 'Clave' de uso del español actual, donde
se define al "ecólogo" como la "persona
que se dedica al estudio de la ecología" y al "ecologista"
como "partidario o seguidor del ecologismo". Pero siempre
nos encontraremos con ecólogos que también son ecologistas
y con ecologistas que reivindicarán su condición
de ecólogos.
Y qué difícil es ponerse de acuerdo
o lograr que un consejo sobre el buen uso de una voz tenga el
eco necesario, especialmente cuando, como dije antes al hablar
del "desarrollo sostenible", están por en medio
organismos oficiales sin ninguna sensibilidad lingüística.
La sequía que España padeció en 1995 hizo
que se aprobasen varios proyectos para la instalación de
plantas potabilizadoras de agua marina, es decir, lo que en español
siempre habíamos llamado plantas desalinizadoras. Pues
bien, en los documentos oficiales del Ministerio de Obras Públicas
español comenzó a utilizarse "desaladoras"
en lugar de "desalinizadoras", y ello trascendió
a la prensa y ahora estamos en ese momento en el que nadie sabe
cuál de las dos palabras va a salir victoriosa. En las
noticias de la Agencia EFE aparecen indistintamente los términos
desalinizadoras y desaladoras: "...el proyecto de construcción
de una planta desalinizadora en Egipto...", "...la polémica
financiación de las plantas desalinizadoras de agua marina...",
"...el favorecimiento de la construcción de plantas
desaladoras...", "...una desaladora precisa cinco kilovatios
para producir un metro cúbico de agua potable...",
"...en Almería se estudia la posibilidad de instalar
dos desaladoras...".
El Diccionario de la Real Academia Española
(DRAE) incluye en su última edición (vigésima
primera, 1992) las voces "desalinización" y "desalinizadora",
que, hasta esa fecha no aparecían en ningún otro
diccionario español, o sea que el DRAE fue el primero en
registrar el uso de esas palabras en nuestra lengua. Veamos cómo
las define:
desalinización. (de salino). Femenino. Desalación
del agua de mar.
desalinizador, ra. Adjetivo. Dícese del método
usado para eliminar la sal del agua de mar. // 2. Femenino. Instalación
industrial donde se lleva a cabo dicho proceso.
En la anterior edición (vigésima,
1984) del DRAE, y también en la última, encontraremos
el verbo "desalar", que significa "quitar la sal
a una cosa; como la cecina, el pescado salado, etc." y "dicho
del agua de mar, quitarle la sal para hacerla potable o para otros
fines". También aparece el sustantivo desalación
como "acción y efecto de desalar". Pero si nos
remontamos a la antepenúltima edición (decimonovena,
1970), veremos que desalar sólo significa "quitar
la sal a una cosa; como a la cecina, el pescado, etc.", o
sea que la acepción de quitar la sal al agua de mar es
bastante nueva en el DRAE. Además dicha acepción
no aparece en casi ningún otro diccionario español:
María Moliner en su Diccionario de uso del español
dice que desalar es "quitar la sal o el exceso de ella a
algo -desalar el jamón, el bacalao-." Y Sebastián
de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española
explica que desalar es "echar en agua el pescado o la cecina
u otra cosa salada, para que pierda el sabor de la sal".
Si preguntamos a cualquier hispanohablante qué
es desalar, lo primero que se le ocurrirá, sobre todo si
vive en España, será la acción de poner el
bacalao en agua para quitarle la sal. De ahí que si le
hablamos de la instalación de desaladoras pueda pensar
en artilugios para facilitar y acelerar la tarea antedicha. (Hay
que tener además en cuenta que en ningún diccionario
consta el adjetivo "desalador, ra" ni como tal adjetivo
ni sustantivado con el significado de instalación industrial
donde se desala el agua de mar.)
A todo lo anterior tenemos que añadir el
hecho de que en todos los países hispanohablantes de América,
o lo que es lo mismo, en la mayor parte del mundo Hispanohablante,
las plantas donde se desala el agua de mar para hacerla potable
se conocen como "desalinizadoras".
Lo mismo ha pasado con el verbo desertizar y el
sustantivo desertización, los únicos existentes
en español para referirnos a ese terrible problema. Pues
no señor, ya no son los únicos, pues el papanatismo
de los organismos oficiales de algunos países hispanohablantes,
entre ellos España, ha permitido la entrada a "desertificar"
y "desertificación", copias facilonas otra vez
del inglés, y ya aparecen en los documentos publicados
por la administración del Estado que no tienen, dicho sea
de paso, ninguna consideración para con el buen uso del
español. Hace un par de meses, en uno de los diarios españoles
que más se preocupan por el buen uso del español,
se trata del ABC, pudimos leer un artículo sobre la desertización
en el que se usaban los términos correctos: "desertizar"
y "desertización", pero al volver la página
había un artículo firmado por la ministra de Medio
Ambiente titulado "Desertificación", en el que
esta se atrevía a describir el fenómeno de la desertificación
como más grave que la "desertización":
"La desertificación no es sólo, ni principalmente,
como comúnmente se cree, el avance de los desiertos hacia
sus zonas limítrofes -que correspondería al concepto
de desertización-, sino un grave y constante proceso de
degradación de la tierra, ocasionado tanto por variaciones
climáticas como por la acción desordenada o incorrecta
del hombre...". Y como la ministra usaba ese término,
en el periódico decidieron dejarlo así, aun a sabiendas
de que la ministra estaba equivocada.
Y rizando el rizo, pero con toda la buena voluntad
del mundo, en uno de los pocos diccionarios en español
dedicados al medio ambiente, nos explican que desertización
y desertificación son cosas distintas: la primera, según
las autoras del diccionario, es "el proceso por el que un
área geográfica pierde gradualmente su población
hasta quedar despoblada, y es una consecuencia de la previa desertificación".
Esta, también según las autoras, es "el proceso
por el que un área geográfica pierde gradualmente
su cubierta vegetal".
¿De verdad alguien puede creerse que los hispanohablantes
hilaremos tan fino como para establecer esa diferencia en nuestro
léxico cotidiano? ¿Alguien puede, hablando en serio,
suponer que el añadido del infijo FI en el centro de una
palabra sirve para eso? ¿Desde cuando ese infijo significa
"por obra del hombre"? ¿Tendremos que enseñar
a todo el mundo esa sutil diferencia entre desertizar y desertificar
y pretender que se la aprendan? A mí la cosa me parece
poco seria, hablando siempre desde el punto de vista lingüístico.
Esa extraña decisión de diferenciar
entre las dos voces también la tomaron los responsables
del Termcat (Centre de Terminologia de Catalunya) que en el boletín
"Full de difusió de neologismes" incluye los
términos "desertificació" y "desertització".
Al primero, "desertificació", le dan el significado
de "proceso natural de formación de desiertos inducido
por el hombre", y explican que en castellano es "desertificación",
en francés "désertification" y en inglés
"desertification". En cuanto al segundo, "desertització",
le dan el significado de "proceso natural de formación
de desiertos", esta vez sin la intervención del hombre,
y su equivalente en castellano es "desertización",
en francés "désertisation" y en inglés
"desertization". Nadie parece haberse acordado de que
en español tenemos una palabra para referirnos al "proceso
por el que un área geográfica pierde gradualmente
su población hasta quedar despoblada" y esa palabra
es "despoblamiento".
En cuanto a los términos ingleses "desertization"
y "desertification", si consultamos el Oxford English
Dictionary y la Enciclopedia Británica podemos ver que
se usan como sinónimos.
Y para evitar la "desertización",
al menos en nuestro jardín, quizá habría
que ayudarse con la "compostación" o el "compostaje",
otros dos términos casi desconocidos para los profanos
en las lides del medio ambiente.
Puedo adelantar aquí que en la próxima
edición del Diccionario de la Real Academia Española
(DRAE) aparecerá la voz "compost". Se trata del
nombre de un tipo de abono que también se llama así
en inglés y en francés, y supongo que en otras lenguas
europeas, y que en español se conoce también con
el nombre de "mantillo", cuya definición en el
DRAE es: "Capa superior del suelo, formada en gran parte
por la descomposición de materias orgánicas. //
Abono que resulta de la fermentación y putrefacción
del estiércol o de la desintegración parcial de
materias orgánicas que se mezclan a veces con la cal u
otras sustancias".
El Diccionario del medio ambiente de Ana Andrés
Benito y Olga Roger Loppacher define al "compost" como
"material tipo humus, bioquímicamente estable, constituido
por materia orgánica, mineral y cerca de 40% de agua y
pH neutro o poco alcalino. Resulta de la descomposición
de la materia orgánica por procesos anaeróbicos
o aeróbicos. También llamado mantillo."
En el mismo diccionario aparece la voz "compostaje",
que es el "reciclado completo de la materia orgánica
mediante el cual se la somete a fermentación controlada
(aerobia) para obtener un producto estable de características
definidas y útiles para la agricultura."
Ambas palabras, "compost" y "compostaje"
aparecen últimamente en la prensa en las noticias sobre
la creación de plantas destinadas a reciclar los residuos
sólidos urbanos: basuras, restos de vegetales de poda y
jardinería y los procedentes de depuradoras de aguas fecales.
Ese tipo de instalaciones se llaman "plantas de compostaje"
y en ellas funcionan los túneles aceleradores de compostaje
controlado, en los que, según nos ha informado el Centro
para el Desarrollo Tecnológico Industrial, se "transforman
residuos orgánicos por medio de microorganismos para obtener
un producto estable con un alto contenido en humus, que sirve
para mejorar la estructura del suelo y ligar tierras arenosas."
También se utilizan los términos "compostaje"
y "compostación" para la acción y efecto
de "compostar", es decir, abonar terrenos con "compost",
práctica que en francés se llama "compostage"
y en inglés "composting".
Otro elemento indispensable para que las cosas sigan
funcionando en este planeta es el agua, y hay algunos términos
relacionados con ella que se confunden habitualmente en la prensa:
hídrico. (adjetivo) Perteneciente o relativo
al agua.
hidráulico. (adjetivo) Perteneciente o relativo
a la hidráulica. 2.Que se mueve por medio del agua o de
otro fluido. Rueda, prensa hidráulica. 3. Se dice de la
energía producida por el movimiento del agua. 4. Dícese
de las cales y cementos que se endurecen en contacto con el agua,
y también de las obras donde se emplean dichos materiales.
5. Arquitectura, cal, caliza, máquina hidráulica.
6. Ariete, cemento, hormigón, marco hidráulico.
7. Dícese de la persona que se dedica a la hidráulica.
(Úsase también como sustantivo).
hidráulica. (sustantivo) Parte de la mecánica
que estudia el equilibrio y movimiento de los fluidos. 2. Arte
de conducir, contener, elevar y aprovechar las aguas.
hidrológico. (adjetivo) Perteneciente o relativo
a la hidrología.
hidrología. (sustantivo) Parte de las ciencias
naturales que trata de las aguas. // médica. Estudio de
las aguas en relación con el tratamiento de las enfermedades.
Vistas las definiciones, queda claro que deberemos
hablar de "recursos hídricos" cuando se trate
de las reservas de agua con las que cuenta una región,
una ciudad, un país... y no de "recursos hidráulicos"
o "hidrológicos", como aparece en ocasiones en
los periódicos o se oye en la radio y en la televisión.
Veamos ahora qué está pasando con
la "climatología", palabra de moda que se está
usando erróneamente haciéndola significar "clima",
cuando la "climatología" es la ciencia que se
ocupa de los climas: También "climatológico"
se está empleando incorrectamente como sinónimo
de "meteorológico".
El "clima", y por ende sus palabras derivadas,
hace referencia a las condiciones meteorológicas habituales
en un lugar dado. Así, cabe hablar de un clima atlántico
o mediterráneo, definidos por unas circunstancias meteorológicas
diarias -sol, lluvia o viento-, cuya repetición configura
aquél. Pero no cabe decir que ese día hubo determinadas
circunstancias climatológicas. Un lugar, salvo glaciaciones
o grandes cambios similares, siempre tiene el mismo clima: lluvioso
o seco; temperaturas cálidas o frías, extremas o
templadas, mediterráneo o atlántico.
El Vocabulario de Términos Meteorológicos
y Ciencias Afines, del Instituto Nacional de Meteorología
define al clima como "conjunto fluctuante de las condiciones
atmosféricas, caracterizado por los estados y evoluciones
del tiempo en un dominio espacial determinado. De "climático"
dice que es lo "perteneciente o relativo al clima".
Y de "climatología" que es la "ciencia que
estudia los climas (causas, variaciones, distribución,
tipos, etc.). En el mismo diccionario vemos que "climatológico"
es "perteneciente o relativo a la climatología"
y "perteneciente o relativo a las condiciones propias de
cada clima". Hoy en día hablamos mucho del cambio
que se está produciendo en el clima, y más de uno
está diciendo por ahí que se está produciendo
un "cambio climatológico", cuando lo que de verdad
está pasando es que hay un "cambio climático".
En muchas de las noticias y artículos de prensa
referidos a los Juegos Olímpicos de Barcelona se hacía
referencia a las predicciones sobre el estado del tiempo en los
lugares donde se celebrarían las competiciones al aire
libre, y era corriente encontrar en dichos textos las voces "meteorología"
y "climatología" empleadas como sinónimas
de fenómenos meteorológicos, condiciones climáticas,
clima o estado del tiempo. Y no digamos nada del llamativo y frecuente
error que es decir y escribir "metereología".
Otros términos como "lluvia ácida"
o "marea negra" pueden significar cualquier cosa rara
para los no avisados, y a los lectores de la sección de
anuncios clasificados, subsección de servicios de "relax",
que hay en casi todos los periódicos, puede recordarles
ciertas perversiones. Y siguen llegando nuevos términos
para nuevos conceptos que escapan a los no especialistas: la capa
de ozono, la basura nuclear, los vertidos contaminantes, el efecto
invernadero, los alimentos ecológicos, los ecoprofesionales,
los ambientalistas, que no se dedican a ambientar los escenarios
de las fiestas de la "jet-set".
Hace ya unos cuantos años... muchos años
comenzó a hablarse de la "polución atmosférica"
y la cosa trajo sus comentarios jocosos, pues hasta entonces la
única "polución" que conocíamos
era la nocturna, las embarazosas "poluciones nocturnas"
que sufren los varones púberes. Y si miramos en el DRAE
veremos que "polución", del latín "pollutio,
pollutionis", en su primera acepción es "efusión
del semen" y en su segunda acepción es "acto
carnal", y tenemos que llegar a la tercera acepción
para ver que también es "contaminación intensa
y dañina del agua o del aire, producida por los residuos
de procesos industriales o biológicos".
Y con la "polución" nos llegó
otra palabra, esta extranjera: el "smog", que es el
acrónimo de las voces inglesas "smoke" y "fog"
(humo y niebla). El "smog" es, pues, la combinación
de la niebla con el humo, y no tenemos ninguna voz española
para referirnos a ese cóctel negruzco, y encima nos topamos
con una palabrita totalmente ajena a nuestros hábitos articulatorios,
ya que comienza con una ese líquida seguida de una eme,
y termina con una ge, y ese tipo de palabros no existen en nuestra
lengua.
He querido dejar para el final el comentario sobre
el nombre del asunto sobre cuyo lenguaje estoy hablando: el "medio
ambiente", a para ello voy a reproducir lo que dice una de
las fichas del Informe sobre el lenguaje, que, elaboradas por
el equipo de ABRA-Comunicación, se repartieron entre los
diputados del Congreso durante tres años. Y dice la ficha:
"Medio ambiente. Aunque se trabaja con absoluta dedicación
y en varios frentes, aún no se tienen pistas sobre el autor
de esta absurda redundancia. 'Medio' es el 'conjunto de circunstancias
o condiciones exteriores en que vive alguien o algo'. Y 'ambiente',
casi lo mismo; las 'condiciones o circunstancias de un lugar,
que parecen favorables o no para las personas o cosas que en él
están'. La real Academia, consentidora -continúa
diciendo la ficha-, incluye en su diccionario este malparto gemelar
del 'medio ambiente' ¡y logra explicarlo! Lleva camino de
admitir el mundo mundial y a las hermanas Sister. Claro que en
el fondo puede que no sea tan descabellado este pleonasmo ecológico.
Dada nuestra constante agresión a la naturaleza, no deja
de ser cierto que ya sólo nos queda la mitad del entorno;
o sea, medio ambiente".
- La lista puede hacerse mucho más larga
y muchísimo más aburrida, pero lo que he pretendido
al comentar esos ejemplos es demostrar la necesidad de una seria
reflexión al respecto. Son necesarios reuniones, seminarios,
simposios... en los que se intente llegar a ciertos acuerdos y
después transmitirlos a través de los medios de
comunicación. Tenemos que trabajar juntos los profesionales
de las distintas ciencias del medio ambiente, los periodistas
especializados en la información medioambiental y los lingüistas
que nos ocupamos del buen uso del español en los medios
de comunicación. Y el resultado de ese trabajo conjunto
deberemos, eso sí, imprimirlo en papel ecológico
reciclado.
- Agencia EFE - Gómez Font, Alberto. Vademécum
de Español Urgente (II), p. 120. Agencia EFE, Madrid, 1996.
- ABC, jueves 5-9-96, pp 73-74.
- Andrés Benito, Ana y Roger Loppacher,
Olga. Diccionario del medio ambiente. Einia, Barcelona, 1994.
- "Full de difusió de neologismes".
Termcat (centre de Terminologia) Nº 6, Mayo 1990, Barcelona.
- Véase nota nº3.
- El País. Libro de Estilo. P.191.