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Casi nadie habrá dejado de observar que en nuestro tiempo la ciencia no es ya tan romántica como en el pasado. Cierto es que la evocación de aquel romanticismo está de moda y es la fuente en que se inspiran algunos modernos escritores para titular sus obras: "El péndulo de Foucault", "El efecto Doppler". Yo podría brindar otros títulos a quienes los necesitasen: por ejemplo, "La Ley de Boyle-Mariotte", "La transformada rápida de Fourier", "En globo con Fordney y Settle". Me ofrezco para buscar otros, no menos sugestivos, que casen bien con el argumento de la obra. Igualmente románticas eran las definiciones de algunas unidades de medida. Recuerden la del metro, que era la distancia entre dos marcas hechas en aquella barra de platino iridiado que se guardaba (y supongo se seguirá guardando) en el Museo de Pesas y Medidas de Sèvres. Esto era muy apropiado para que cualquier familia vecina, cuyos hijos no crecieran con la rapidez esperada, pudiera acudir al museo para comprobar si la cinta métrica con que los medían no se habría dilatado con el calor. Así al menos nos lo cuenta Erik Orsenna en "La exposición colonial", y no tengo motivos para dudar de la veracidad de su relato. Tampoco se puede poner en duda la abnegación de los actuales funcionarios de Pesas y Medidas, que cabe imaginar quedará sometida a dura prueba cuando tengan que efectuar comprobaciones semejantes. Debe tratarse de una tarea no menos pintoresca pero más fastidiosa y monótona, tal como se deduce de la definición actual del metro, que es "la longitud del trayecto recorrido en el vacío por la luz durante un tiempo de 1/299 792 458 de segundo. (17ª CGPM, 1983, res. 1.)". Así consta en cualquier tratado moderno de Física y también en las páginas 34496 a 34500 del Boletín Oficial del Estado, número 264 del viernes 3 de noviembre de 1989. Si alguien me pregunta qué tiene que ver el BOE en todo este asunto le responderé que en dicho número se publica el Real Decreto del MOPU 1317/1989, de 27 de octubre, por el que se establecen las Unidades Legales de Medida, que corresponden a las del Sistema Internacional (SI); y por si alguno de ustedes empieza a aburrirse del asunto y se inclina a no seguir leyendo, le diré que esta disposición nos interesa, y mucho, a los traductores, que como todo el mundo sabe somos gente de espíritu abierto y curiosidad universal e insaciable. Por ejemplo, puede que alguno de ustedes, queridos colegas, sienta curiosidad por saber cómo se define la unidad de tiempo, el segundo, cosa necesaria puesto que a él se remite la definición del metro: en ese caso, sigan leyendo, no este torpe artículo, sino el BOE citado. En él encontrarán, además de cosas tan divertidas como la referencia a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133, una serie de normas determinantes del modo correcto de escribir los nombres y símbolos de las unidades físicas, sus múltiplos y submúltiplos y los números. Ya llegamos al meollo del asunto, se trata de escribir correctamente, algo que debe preocuparnos a todos los traductores, técnicos y no técnicos. Entre paréntesis, recomiendo a quien lea las citadas páginas del BOE que consulte también la 2234 del número 21, del miércoles 24 de enero de 1990, que contiene la corrección de los errores advertidos en el texto del mencionado Real Decreto. De corregir errores se trata, o mejor de evitarlos, y por ello creo que todos nosotros estamos obligados a conocer las normas vigentes sobre estas cuestiones. Al final del presente artículo, daré en forma de tablas los nombres correctos de las unidades y de sus símbolos. Ahora debo conformarme con poner algunos ejemplos. Ya podemos (y creo que debemos) corregir al autor que escriba, pongamos por caso, 200 grs para significar 200 gramos. Lo correcto es escribir 200 g (sin punto, porque la g no es una abreviatura, sino un símbolo). Ya no se debe escribir Kilogramo, sino kilogramo, y el símbolo de esta unidad es kg, no Kg. El símbolo del segundo es s, no seg. Se puede escribir indistintamente ampere o amperio, siempre con minúsculas, a diferencia de su símbolo que es A (mayúscula en este caso por corresponder al nombre de un físico eminente). Los nombres de las unidades tienen plural terminado en s (25 metros, 856 kilogramos, 23 segundos), no así sus símbolos que se escriben siempre en su forma singular (25 m, 856 kg, 23 s). Pero creo que será mejor transcribir literalmente un pequeño extracto del decreto:
Los símbolos de las unidades SI, con raras excepciones como es el caso del ohm (W), se expresan en caracteres romanos en general con minúsculas; sin embargo, si dichos símbolos corresponden a unidades derivadas de nombres propios, su letra inicial es mayúscula.
Los símbolos no van seguidos de punto, ni toman la ese para el plural.
El símbolo de la unidad sigue al símbolo del prefijo, sin espacio.
¿Se dan ustedes cuenta? En lo sucesivo, la traducción correcta de $ 36 billion ya no será 36.000 millones de dólares sino 36000 (o 36 000) millones de dólares. Se acabaron los puntos de separación de grupos de tres cifras, sólo subsiste la coma decimal. Se acabaron las vacilaciones, cuando en un texto inglés veamos un punto dentro de una serie de cifras, pondremos una coma (decimal) y si vemos comas pondremos espacios. ¿Muy claro, verdad? Sí, aunque puede subsistir alguna duda, si se trata de un texto escrito en inglés por un autor alemán, por ejemplo. Pero raro será el caso que no pueda solucionarse con un poco de sentido común.
Transcribo también el segundo cuadro, que contiene dos unidades suplementarias.
Las unidades derivadas se definen por expresiones algebraicas bajo la forma de productos de potencias de las unidades SI básicas y/o suplementrarias. Consideremos en primer lugar (Cuadro número 3) algunos ejemplos de unidades derivadas que carecen de nombres y símbolos propios.
En electrotecnia, la unidad de potencia se denomina watt (W), voltampere (VA), o var (var), según se trate de potencia activa, aparente o reactiva, respectivamente. También me parece interesante fijar las ideas en cuanto a los prefijos que designan los factores numéricos decimales con los que se forman los múltiplos y submúltiplos de las unidades.
Celebraré que estas notas sean de utilidad para todos y no les hayan aburrido demasiado. Para hacer cualquier comentario sobre este artículo, envíe un mensaje a Xosé Castro (xose@xcastro.com) o envíe un fax directamente al autor al (+34 91) 3169221.
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